domingo, 26 de agosto de 2012

Mi historia...(PARTE III)

En esta etapa hubo un acontecimiento que cambió el rumbo de mi vida, que a momentos me hizo la persona más feliz del mundo, pero que acabó haciéndome tocar el fondo más oscuro y desconocido de mí misma.

Desde los 20 a los 23 años



Una vez terminado mi curso de turismo llegó el momento de hacer las prácticas. La primera vez que iba a enfrentarme al "mundo laboral". Me moría de miedo. Todos los problemas del pasado habían hecho de mi una persona completamente insegura, tenía miedo al fracaso, miedo a no estar a la altura... bueno, más que miedo era auténtico pánico. Sin embargo terminé mis prácticas satisfactoriamente e hice buenas amistades en el lugar de trabajo. Por este motivo, los siguientes meses pasé mucho rato por allí para visitar a los amigos que tanto apreciaba.
Una tarde que fui a visitarles había una persona que no había visto antes, era un joven extranjero que apenas acababa de llegar de Inglaterra. Aun le recuerdo, delgadito, muy rubio y con sus gafitas, sentado en aquella silla sin enterarse de mucho. Me robó el corazón nada más verle.

En esta época estaba yendo a un psiquiatra especializado en trastornos alimenticios que me mandaba un antidepresivo llamado Fluoxetina. Al parecer suprimía la necesidad de tener atracones y efectivamente así fue. Estuve unos meses tomándolo y pude controlar los atracones pero me produjo muchos efectos secundarios, con lo cual tuve que dejarla (lo mejor que pude hacer, al menos en mi caso). La cabeza me iba a mil por hora, no podía parar las piernas quietas cuando estaba sentada y de repente al acostarme me daban espasmos (mi familia llegó a creer que tenia epilepsia). A su vez estuve con una nutricionista especializada en trastornos alimenticios. Era una mujer muy dulce y muy preparada que me ayudó bastante en esos meses.

Con mi trastorno "controlado" empecé a tener más vida social y comencé a conocer mejor al chico extranjero y a sus amigos. Salíamos por la noche, les enseñábamos la ciudad y acabamos intimando.
Él había venido a España para estudiar el idioma e iba a quedarse por cuatro meses. Estudiaba medicina en Inglaterra y era una persona que a pesar de su juventud había recorrido el mundo, había leído cientos de libros y tenía en mente unos planes maravillosos. Acabé enamorándome completamente de él.
Yo, por aquel entonces una joven que apenas había salido de su ciudad, inexperta, había conocido a alguien tan distinto a mi pero tan parecido a aquellos príncipes con los que soñaba de niña y adolescente... era... tan perfecto...
Acabamos haciéndonos novios. Recuerdo esos cuatro meses que estuvo en mi ciudad como los cuatro meses más mágicos y maravillosos de mi vida. No me creía que tuviera tanta suerte, que alguien como él se hubiera fijado en mí. Todo era como  un precioso sueño.

Llegó el momento en que él tuvo que partir. Fue un momento duro para los dos. Especialmente para mí.
Su partida me provocó tanto pesar que decidí ponerme ponerme a trabajar en lo que fuera para irme a pasar una temporada a Inglaterra con él. Le comenté a mi familia mis deseos y ellos se negaban en rotundo. No me dejaban ir. Pero yo hice caso omiso. Encontré un trabajo y comencé a ahorrar para irme con él.

La partida de mi inglés hizo que volviera a ahogar las penas con la comida y volví a los atracones. Como añadido, el trabajo que encontré era en un restaurante de comida rápida... con lo cual imaginaos. Comía y comía constantemente.
Eso me hizo caer aún más en la pena y veía muy difícil el poder marcharme con mi amor si seguía así de mal. Decidí sincerarme con él y le conté mi problema. Él me dijo que no importaba, que me fuera con él, que me ayudaría y me apoyaría en todo. Así pues consulté con mi nutricionista el hecho de marcharme fuera y me recomendó que no lo hiciera porque no estaba preparada para seguir sola, no estaba recuperada. Pero era tan fuerte el amor que sentía por ese chico que no me importaba nada más. Sólo quería estar con él. Y así lo hice, después de nueve meses trabajando, ahorré, compré mis billetes y ahí estaba en el aeropuerto, delante de mis padres, despidiéndome de ellos. Quien iba a decir que jamás regresaría a la que era mi casa...sino de visita.

Allí estaba, con 21 años recién cumplidos, en Inglaterra. Muerta de miedo. Y allí estaba él, mi sueño. Que raro era todo... que cambio tan increíble había hecho. Que feliz fui aquella noche, abrazada a él de nuevo... y en que pesadilla se convirtió todo.

Las primeras semanas fueron muy complicadas. Firmé un contrato en España para un trabajo de camarera en un hotel tras pasar un par de entrevistas telefónicas y cuando llegué a Inglaterra resultó que solo trabajaba dos días a la semana dos horas al día. Me generaba todo mucho estrés porque yo había firmado un contrato y estaban haciendo caso omiso, lo único que me decían era que no tenían trabajo para mí. Mi inglés era muy básico y apenas me podía hacer entender... con lo cual lo pasé un poco mal.

Mi chico (al cual voy a dar a conocer como R.) estaba estudiando en la universidad. Era una universidad muy prestigiosa y su carrera y sus actividades ocupaban todo su tiempo, con lo cual pasaba bastante tiempo sola. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir... al mes volvieron los atracones y con ellos mi hundimiento.
Todo empezó a estropearse a partir de ahí. Comencé a subir de peso y no quería quedar con los amigos de R. porque como eran gente de dinero y con estudios, yo me sentía inferior a todos los niveles: mis estudios no estaban a la altura, estaba rellenita, apenas tenía ropa que ponerme porque había aumentado de peso. Esas sensaciones de inferioridad me superaban y ésto no gustaba a R., el cual discutía constantemente conmigo por ello.

No lograba adaptarme a Inglaterra. Allí llueve constantemente y yo vengo de un clima soleado todo el año, echaba de menos a mi familia, tenía problemas con el trabajo, con el idioma. Empecé a sentirme muy muy triste y fuera de lugar. Lloraba constantemente y cuanto más lo hacia, más comía... con lo cual estaba bastante desesperada. Lo único que tenía era él. Pero el príncipe que había conocido meses atrás no era el mismo.
Le molestaba que estuviera triste, me reprochaba que no quisiese estar con sus amigos... me decía constantemente que no debía depender tanto de él sino ser más independiente, que le agobiaba demasiado, que le transmitía mi tristeza...

Me sentía muy culpable. Sentía que no podía llevar mi vida y encima agobiaba y entristecía a la persona que más amaba. Me sentía en un pozo sin salida.
Una tarde me senté conmigo misma y me autoconvencí de que no estaba actuando correctamente y que no era justa con mi pareja con lo cual pasaría más tiempo con sus amigos para hacerle a él feliz.

Cuando volví a quedar con ellos vi que una de sus amigas tenía una actitud con él algo extraña. Las mujeres tenemos un sexto sentido para esas cosas. Le pregunté a R. que relación les unía, pero él me decía que simplemente eran amigos. Cuánto más quedaba con ellos más me convencía de que esa mujer se sentía atraída por R. Le llamaba todo el rato, le hacía regalos. Yo explicaba a R. mis miedos, y él me hacía ver que estaba loca, que decía tonterías.
Comencé a descubrir mentiras por su parte relacionadas con ella y aún así, yo me autoconvencía de que estaba loca y estaba siendo injusta con él y con ella. Me propuse ser amiga suya para hacer ver a R. lo arrepentida que estaba por mi actitud.

Una noche, sentados los dos en un bar, pasó algo que me destrozó el alma. Me contó que había tenido algo con ella. Pensé qué me moría. Recuerdo haberme levantado y echar a correr llorando. ¿A dónde iba? estaba sola, mi familia estaba a cientos de kms y la única persona en la que confiaba me había traicionado. Pensé en lanzarme de un puente, en desaparecer, en morirme.

Los días posteriores fueron extraños. Me sentía perdida, pero como nunca había estado antes. Por qué, por qué no podía ser feliz??... por qué nadie me quería?? por qué conocía siempre a personas que me hacían sufrir?? por qué yo no podía merecer nada??. No sentía. Os aseguro que no sentía nada. El dolor por toda mi vida era tan tan profundo que ya ni sentía. No sabía que me pasaba.

R. arrepentido de su infidelidad iba cada día a mi piso para pedirme perdón. Mi voz interior me decía que no  le perdonase, porque me arrepentiría, pero... le perdoné. Y fue un gran error.

Los meses posteriores fueron un infierno. Tras el suceso yo estaba completamente deprimida y no hacía sino llorar a cada instante, esto a él no le gustaba. Las discusiones eran diarias y él no paraba de decirme cosas muy duras.. su verdadero yo salió fuera... me decía cosas como que hacía su vida triste, que estaba muy mal, que ninguna persona aguantaría lo que el aguantaba, que era una persona sin estudios, que mi familia no estaba a la altura de la suya... y si yo me enfadaba o lloraba por ello, él me decía: "ya estás otra vez llorando??, quieres amargarme la vida??"... y finalmente me sentía extremadamente culpable por hacerle enfadar, culpable por transmitirle mi tristeza. Cada vez me odiaba más y más.

Todos mis amigos y familia me decían que él me maltrataba psicológicamente. Pero yo no lo veía, yo le justificaba y me culpaba a mi misma de todo. Pensaba que mi enfermedad era la culpable y que él era la víctima.

Llegó un punto en que nuestra relación era insostenible y decidí dejarle, bueno...dejarle... le seguía viendo y seguía estando con él pero en teoría habíamos roto (estaba demasiado enganchada a... lo que fuera esa relación). Como venganza por haberle "dejado", se encargo de una manera muy sutil de hacérmelo pagar.
Me infravaloraba cada vez que tenía oportunidad, nunca era lo suficientemente buena para nada, nunca estaba a la altura, era ignorante, vieja... si iba arreglada es que iba como una "fulana", si no me arreglaba era que era dejada.
Nunca se me olvidará aquella noche en la que después de "hacer el amor", fui a darle un beso y me quitó la cara.

Me destruyó. Esa relación me destrozó la vida.

Iba a trabajar como un zombie, no hacía sino llorar y llorar, a cada instante. Los atracones eran diarios y a todas horas. Me miraba al espejo y me golpeaba a mi misma, me insultaba, me arrancaba el cabello...
Salía sola de fiesta y me emborrachaba e iba a trabajar borracha... y me desahogaba con cualquier desconocido... llegando incluso a llamarles a las dos de la mañana desesperada porque no tenía con quién hablar o desahogarme. Perdí el norte. No sabía donde estaban los límites de lo normal y lo anormal.

Llegó navidad. Mi segunda navidad en Inglaterra. Estar sola en mi habitación el día de navidad  fue devastador. Ahí fue cuando un pensamiento terrible me vino a la mente y este fue: "Suicidate... es el único camino para salir de este sufrimiento". Lo que más me asustó fue que... aquella voz, aquella voz salvadora que me había dado aliento otras muchas veces... esa vez no me habló. Lo pensaba y lo sentía de verdad... quería suicidarme, quería dejar de vivir.

Aterrada por lo que pudiera hacer llamé a mi madre... y le dije:

"Mamá por favor, venid a buscarme, sacadme de aquí".

Y volví a España.



2 comentarios:

  1. gracias por compartir parte de tu vida, en la que me siento reflejada

    un abrazo

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  2. Ángeles!! muchas gracias a tí por tus comentarios y por seguirme. De verdad...

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